En las últimas semanas, la isla balear de Mallorca ha vuelto a ser el centro de atención. Imágenes de manifestaciones y eslóganes como «¡Fuera!» o «Turistas go home!» en fachadas de comercios y coches extranjeros han puesto sobre la mesa un problema complejo. Sin embargo, quienes profundizan en el asunto se dan cuenta rápidamente de que la protesta de los lugareños no se dirige contra los turistas en sí. Se trata más bien de una clara expresión de frustración ante un sistema que necesita reformas desde hace mucho tiempo.

Desde la aparición del coronavirus, todo el mundo se ha dado cuenta de que la isla necesita el turismo para sobrevivir. Sin embargo, como ocurre con todos los problemas, la clave está en encontrar el equilibrio.
El verdadero problema: la escasez de viviendas debido al turismo de masas
Es innegable que Mallorca es un imán para los turistas. Sin embargo, este atractivo tiene un inconveniente: la escasez de viviendas provocada por los veraneantes que alquilan alojamiento a través de plataformas como Airbnb o de proveedores privados. Esta situación hace que a muchos habitantes de la isla les resulte cada vez más difícil encontrar una vivienda asequible. Las personas que hacen posible el turismo son las más afectadas: empleados de hoteles, personal de limpieza, camareros, cocineros y vigilantes de seguridad. No solo necesitan trabajo, sino también una vivienda en condiciones justas. Y como este sector depende a menudo de trabajadores de la península, existe una gran demanda de alojamiento temporal, que no está disponible debido a los alquileres vacacionales, algunos de los cuales siguen siendo ilegales.
Mientras se construyen complejos turísticos de lujo, la necesidad de viviendas para la población local pasa prácticamente desapercibida. Este desequilibrio provoca resentimiento.
La hora de la acción política
En este momento se necesitan decisiones políticas claras. Es esencial adoptar medidas para mejorar la situación actual.
Alojamiento obligatorio del personal de los hoteles:
Todos los grandes hoteles deberían estar obligados a proporcionar alojamiento a su personal. ¿Por qué no se pueden alquilar habitaciones de forma permanente a los empleados en lugar de a los huéspedes? Así sería más fácil encontrar personal para la temporada y los empleados tendrían alojamiento justo donde trabajan. Las pérdidas financieras para el hotelero no deben ser lo más importante. Lo que debe primar es la satisfacción de los huéspedes y empleados del hotel. Ya se han implantado modelos similares en otras regiones mediterráneas.
Activa terrenos sin utilizar:
En la isla hay numerosos terrenos sin utilizar, algunos en ubicaciones privilegiadas. En estos terrenos se deberían poner en marcha proyectos específicos para la construcción de viviendas sociales y para empleados. Los propietarios que no utilicen los terrenos baldíos deben rendir cuentas. Si las propiedades permanecen sin utilizar durante años mientras hay una grave escasez de viviendas, el Estado también podría plantearse la expropiación. Esta medida debe aplicarse de forma jurídicamente correcta y justa, pero no debe considerarse un tema tabú en tiempos de crisis.
Además, hay que apoyar a los promotores de proyectos y a los promotores inmobiliarios que estén dispuestos a construir viviendas sociales. Sin embargo, por desgracia, las autoridades a menudo son incapaces de clasificar las solicitudes de este sector como importantes y tramitarlas con prontitud. Como consecuencia, los inversores y las empresas constructoras también deben esperar entre dos y tres años para poder llevar a cabo la construcción de viviendas sociales.
Regulación del alquiler vacacional:
La normativa existente debe aplicarse de forma coherente y, si es necesario, hacerse más estricta, pero, sobre todo, debe controlarse mejor.
Nadie está a favor de abolir el turismo, ya que es un pilar esencial de la economía de Mallorca. Sin embargo, el cambio impulsado por el turismo no debe producirse a expensas de la calidad de vida y el equilibrio social de los mallorquines. El creciente resentimiento hacia las estructuras turísticas es una clara señal de alarma. Una sociedad cuyas necesidades son ignoradas corre el riesgo de que su ira se dirija a los síntomas más visibles.
El medio ambiente, uno de los perdedores
Como en otras regiones mediterráneas, no se debe ignorar el daño que causan las multitudes al medio ambiente.
¿Por qué no se cobra a los turistas de cruceros una tasa aparte al reservar una excursión en tierra? Así se podrían cubrir los costes de los residuos, la contaminación y el uso de unos recursos hídricos ya limitados, por citar solo algunos. Sería una especie de peaje, como el que se cobra desde hace años a los coches en diversas carreteras de España y otros países europeos, para mantener un cierto nivel y cubrir los costes de reparación de los daños causados.
Conclusión
Mallorca no debe convertirse en un lugar al que se va de vacaciones sin formar parte de la comunidad. Es crucial adoptar un enfoque responsable en materia de turismo y vivienda para preservar la belleza y singularidad de esta isla, tanto para los habitantes como para los visitantes.
Un extranjero que compra una propiedad en Mallorca no debe sentirse culpable. En cuanto se mezcle con la gente y deje de vivir en su propio mundo, se dará cuenta de lo adorables que son los mallorquines y de lo mucho que aprecian a las personas que quieren bien a su isla y no solo buscan vivir rodeados de lujo sin respetar los recursos ni apreciar la naturaleza. Si amas la isla, ¡siempre serás bienvenido!